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In Memoriam: Pedro Palacios Aquino (via Gonzalo escribe)

Hoy que es el Día del Padre es un buen momento para que mi papá salte al timeline nuevamente.
Feliz día, papá, en donde estés.

In Memoriam: Pedro Palacios Aquino Hoy es el día del padre. Qué ironía, hace cuatro días falleció mi padre. Qué ironía, hace cuatro meses mi esposa está esperando nuestro mi primer hijo. Mi padre nació el 19 de mayo de 1931 y falleció el 17 de junio de 2009. Vivió una larga y feliz vida. Me enseñó todo lo que sé y me dio a entender que para él la familia siempre debe estar primero. No recuerdo que le haya faltado el respeto jamás a mi madre. Siempre fue puntual cuando de disciplin … Read More

via Gonzalo escribe

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In Memoriam: Pedro Palacios Aquino

Hoy es el día del padre. Qué ironía, hace cuatro días falleció mi padre. Qué ironía, hace cuatro meses mi esposa está esperando nuestro mi primer hijo.

Mi padre nació el 19 de mayo de 1931 y falleció el 17 de junio de 2009. Vivió una larga y feliz vida. Me enseñó todo lo que sé y me dio a entender que para él la familia siempre debe estar primero. No recuerdo que le haya faltado el respeto jamás a mi madre. Siempre fue puntual cuando de disciplinar se trataba. Fue muy justo.

Durante estos tres últimos meses en que su salud se deterioró rápidamente, a menudo medité acerca de las cosas que aprendí y de la infuencia poderosa que él ejerció en mí. Pues, más allá de cumplir sus resonsabilidades de padre, también me enseñó concienzudamente acerca de lo que significa seguir a Jesucristo. Y no solo lo hizo mediante el precepto, sino también mediante el ejemplo.

Muchas personas asistieron al servicio fúnebre de mi padre. Aparte de la familia, la mayoría de los que se hallaban presentes eran amigos que, de alguna u otra manera, sintieron la influencia de mi padre en sus vidas. Sucede que mi padre prestó servicio como Obispo en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en dos oportunidades. Todos ellos, sin excepción, al acercarse a mí para expresar sus condolencias, manifestaron gratitud por haber conocido a mi padre, pues en algún momento de sus vidas sintieron su ayuda moral y espiritual; también me resaltaron sus excepcionales dotes de maestro del Evangelio.

La relación con mi padre siempre fue amical, pero cuando se trataba de cosas que era necesario que yo aprenda él siempre fue claro y tajante para enseñarme y reprenderme, de ser necesario. Pocas veces se lo dije, pero yo, para mis adentros, a menudo me asombraba al percibir sentimientos de admiración hacia él.

El conocimiento del evangelio ha sido fundamental para afrontar estos momentos difíciles. Como miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tengo la certeza de que la muerte física señala el fin de nuestra etapa en el mundo terrenal; que de ninguna manera la muerte física termina con la vida del espíritu, pues este es eterno. La muerte física es solo la separación del espíritu y del envoltorio carnal que es el cuerpo. Obviamente, esta separación supone que los que aún permanecen en el mundo terrenal no pueden gozar de la compañía de aquellos que pasan por la muerte física. Naturalmente, esta separación produce desconsuelo y tristeza. Pero decía que el conocimiento del Evangelio de Jesucristo ayuda a afrontar estos momentos difíciles, pues, la comprensión de este conocimiento nos consuela allí donde hay desconsuelo; nos alegra allí donde hay tristeza. Incluso la revelación moderna nos da luces acerca de qué es lo se hace después de morir (recomiendo toda la sección 138 al lector interesado).

Mi padre me enseñó estas cosas. Estoy seguro que él hubiera querido que su muerta sirva para reflexionar en lo grandioso de la Expiación que Cristo padeció por nosotros. Es lo que yo he hecho.

Te quiero mucho, gordo panzón. Feliz día.

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Feliz año

Con esta entrada quiero despedir este año. Personalmente, ha sido un año de decisiones importantes. De desafíos mayores. Y de progreso también. Hay cosas en las que me he estancado, pero, en resumen, me ha ido bien.

Este año que viene será mejor. Y será de grandes cambios. El principal: mi matrimonio. La decisión está tomada y no me he arrepentido en ningún momento, así que eso es una buena señal. Con amor uno es capaz de adaptarse a todos los cambios. Además, a la Patricia la amo muchísimo. Así que, Patricia, bienvenida a mi vida.

Por otro lado, este año escudriñaré más concienzudamente la doctrina del evangelio de Jesucristo. Es de vital importancia para toda persona obtener un conocimiento profundo del evangelio, no solo por cultura general, sino, para los que profesamos la fe cristiana, porque es un conocimiento redentor. Obviamente las obras van de la mano con el conocimiento, por lo tanto, también en este respecto me esforzaré más. Además, como santo de los últimos días que soy, y por la responsabilidad que tengo dentro de mi unidad, se requiere aún más de mí. 

Y por último, la actividad que más deleite me proporciona: la lectura. Este año que está terminando he leído muchos libros, principalmente de Literatura. Qué placer proporciona leer un buen libro; sumergirse en las profundidades de una buena trama; hacer volar la imaginación hasta los confines más inesperados; dotar de realidad a personajes inextricables; invadir la ficción huyendo de la realidad; vivir una vida  que no es la tuya, pero que la sientes más real. Sí, me gusta leer. Este año leeré más. Me inscribiré a cuantas bibliotecas me sean posibles. Y aquí, en mi blog, dejaré constancia de cada paso, cada descubrimiento, cada asombro que me produzcan los libros.

Me siento feliz como la ballena de Twitter —cualquier parecido es pura coincidencia—. Es como si la ficción me sacara del mar y me llevara a un mundo desconocido, sin extrañar a la realidad. Fantástico.

twitter's whale

¡FELIZ AÑO NUEVO!

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