Con esta entrada quiero despedir este año. Personalmente, ha sido un año de decisiones importantes. De desafíos mayores. Y de progreso también. Hay cosas en las que me he estancado, pero, en resumen, me ha ido bien.
Este año que viene será mejor. Y será de grandes cambios. El principal: mi matrimonio. La decisión está tomada y no me he arrepentido en ningún momento, así que eso es una buena señal. Con amor uno es capaz de adaptarse a todos los cambios. Además, a la Patricia la amo muchísimo. Así que, Patricia, bienvenida a mi vida.
Por otro lado, este año escudriñaré más concienzudamente la doctrina del evangelio de Jesucristo. Es de vital importancia para toda persona obtener un conocimiento profundo del evangelio, no solo por cultura general, sino, para los que profesamos la fe cristiana, porque es un conocimiento redentor. Obviamente las obras van de la mano con el conocimiento, por lo tanto, también en este respecto me esforzaré más. Además, como santo de los últimos días que soy, y por la responsabilidad que tengo dentro de mi unidad, se requiere aún más de mí.
Y por último, la actividad que más deleite me proporciona: la lectura. Este año que está terminando he leído muchos libros, principalmente de Literatura. Qué placer proporciona leer un buen libro; sumergirse en las profundidades de una buena trama; hacer volar la imaginación hasta los confines más inesperados; dotar de realidad a personajes inextricables; invadir la ficción huyendo de la realidad; vivir una vida que no es la tuya, pero que la sientes más real. Sí, me gusta leer. Este año leeré más. Me inscribiré a cuantas bibliotecas me sean posibles. Y aquí, en mi blog, dejaré constancia de cada paso, cada descubrimiento, cada asombro que me produzcan los libros.
Me siento feliz como la ballena de Twitter —cualquier parecido es pura coincidencia—. Es como si la ficción me sacara del mar y me llevara a un mundo desconocido, sin extrañar a la realidad. Fantástico.
¡FELIZ AÑO NUEVO!
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