Contraindicaciones

Siempre he leído. El recuerdo más remoto que tengo es de cuando estaba por cumplir seis años. Antes de iniciar el colegio mi papá me regaló un atlas —aún con la Unión Soviética—, el cual convertí en una delicia. Todavía recreo las ansias con las que cogía mi lupa y descubría ríos, pueblos y capitales. No fue ninguna sorpresa ser el primero de mi clase en aprender a leer. ¿Números? Bah, estamos hablando de letras.

Durante mi niñez no fui un lector voraz, pero siempre terminaba fascinado ante un buen texto, deseando en mis adentros parir otros semejantes. También debo admitir que mi pésima ortografía me avergonzaba mucho. Ni qué decir de mi caligrafía, pero con el tiempo fui comprendiendo que esto último no es tan preponderante. Por ello fue que empecé a desentrañar las reglas de la excelentísima academia, provocando que sea considerado por mis amigos no menos que una luminaria (si supieran que lo que sé es nada).

Cuando viví en Chile, lejos del hostigamiento de mi padre —que no aceptaba menos de un veinte por nota—, pensé que mis épocas de lectura obligatoria habían terminado. Craso error: entró en escena mi tía Amalia. Con su voz dulce y autoritaria me retó a leer y me regaló algunos libros que hasta hoy conservo con cariño. Hoy puedo confesar que mi gusto por la Literatura nació gracias a mi buena tía Amalia, socia de cuchucientas bibliotecas de Santiago de Chile y alrededores.

Ya por terminar la secundaria, mi profesora de Lengua y Literatura me embelesó con sus historias fabulosas. Y no, no las inventó ella, sino que ¡las había leído! Fue un gran descubrimiento saber que podía escoger las ficciones que quisiera. Ya no tenía que sentir la respiración de mi tía Amalia en la nuca, dictándome qué tenía que leer. Fue un hito.

El resto es historia. La ficción y yo caímos en concubinato hasta el día de hoy —con el consentimiento de mi mujer—. Estudié estudio terminaré Lingüística en la universidad porque me apasionan los textos, pero la Literatura sigue siendo mi gran amor. Y aunque tenga que dedicar mi vida a otras cosas ella siempre estará ahí.

También he intentado escribir pero ha sido infructuoso. Salvo dos o tres textos, solo he parido líneas condenadas al olvido. Deuda pendiente. Creo que la frase que mejor me califica es “lector compulsivo, escritor repulsivo”. Por eso este blog, pues. No tengo la formación académica que quisiera para estos menesteres, ni la disciplina de nuestro Nobel, pero algo queda de todo lo leído.

La democracia de estos sitios es que si no le gusta, ALT + F4 y sanseacabó; pero si le gusta, Av Pág y disfrute. Ah, y comparta, que para eso están los botoncitos del final.

Cuelgo este video que encierra mis sentimientos por las ficciones.

2 respuestas a Contraindicaciones

  1. Gonzalito!!!
    Gracias por tus palabras pues me recuerdan a mi padre, quien fue que me inicio en el amor a la lectura. Como tu, yo tambien tengo un amante y parece que lo estamos compartiendo. Y mas que nada te agradezco por ese link que me va transportar a esos otros mundos que muchas personas no conocen y que se estan perdiendo.
    Sigue adelante con tu amor por los libros y por tu sabiduria para poder escribir y compartir y transportarnos en la imaginacion hacia donde tu nos quieras llevar.
    Jenny Segura Ernest

  2. Asu, Jenny. No es para tanto pero gracias. Por lo visto tendremos que compartir nuestro amante xD
    Seguro que también tienes mucho por compartir. Si te creas un blog seré el primer seguidor.
    Éxitos.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s