GONZALO ESCRIBE.

letras. escritos. fragmentos.

El niño con el pijama de rayas

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El niño con el pijama de rayas

Hay una escena en la película Ratatouille en la que Anton Ego, el crítico despiadado, rememora su niñez cuando prueba el plato —ratatouille, para ser exacto y valga la redundancia— que Remy preparó. Hoy me pasó algo similar al terminar de leer el libro que le da el título a esta entrada: El niño con el pijama de rayas, de John Boyne (Dublín, 1971).

Aunque a diferencia de Ego, a quien el sabor del ratatouille le recordó al plato que le cocinaba su madre, a mí, el terminar de leer este libro magistral, no trajo a mi mente la misma historia, ni siquiera una semejante, es más, nunca he leído alguna semejante, sino que, y en esto radica la semejanza, sí mi mente evocó sentimientos de mi niñez con una matiz tan vívido que me sorprendí al descubrir que todavía mi alma era capaz de anidar sentimientos de este tipo; pensé que ésos ya no se sentían a mi edad. Nada más difícil como tratar de explicar los sentimientos ¿no? Hay que partir que, de raíz, los sentimientos son inefables; quizá el recurso más efectivo para hacer un concepto de lo que uno siente es la comparación. Bajo este artificio, entonces, tendría que decir que lo que sentí fue un poco de impotencia, como cuando se tiene mucho que decir mas no la oportunidad para hacerlo; tendría que añadir, además, que sentí un vacío en mi adentro, como cuando te despides de una persona y sabes, desde el último adiós, que nunca más vas a volver a verla; por último, tendría que añadir que me emocioné, como cuando ocurren esos momentos de desazón del alma que no encuentran manera de calmarse sino saliendo al exterior entremezclándose con las lágrimas. Una mixtura de todo esto describe, acaso, lo que sentí.

Que no se me culpe de que tan solo hace unas semanas atrás me haya enterado sobre la existencia de este libro. En la Revista Ñ se publicó una entrevista con Boyne y, mediante links y recomendaciones, llegó a mi Reader; aunque cabe mencionar que recuerdo haber leído el título a las volandas en las las librerías. Ayer encontré el libro; quedé fascinado al leer la contraportada y, encima, vi que iba por la 19ª edición. Más motivaciones imposible. 

Sería imperdonable hacia mi persona que, desde este blog, cuente la trama. Me parece de muy mal gusto. Es inaceptable. Sin embargo, con el fin de despertar en el lector el deseo de leer este libro mencionaré que narra la historia de un niño llamado Bruno, hijo de un jerarca nazi asignado al campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, en plena ocupación nazi. Mencionaba que sentí impotencia ante la prepotencia con se trató a los judíos. Sentí un vacío al notar la ausencia de Bruno. Y me emocioné al comprender que el narrador terminó reverentemente su historia, pues sin Bruno ya nada tenía sentido. Una novela corta pero muy significativa. Definitivamente va perdurar en mis adentros.

Muy recomendable.

2 comentarios

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  1. No se si habrás leído “Las benévolas” de Jonathan Littell. Un libro denso pero muy recomendable.

    http://www.rba.es/libros/las-benevolas_jonathan-littell_libro-OAFI240-es.html

    Saludos,

    Alguien

    Viernes, Enero 16, 2009 a 02:01 pm

  2. Espero tener suerte al buscarlo. Gracias.

    Chalo

    Viernes, Enero 16, 2009 a 02:01 pm


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